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|Barcelona Post-olímpica. Reflexió
sobre el pla delta| |
Jose
Garcia. DEPANA
ARTICULO REFLEXIÓN SOBRE LOS
ÚLTIMOS DIEZ AÑOS DE CATALUÑA
DE LA GLORIA AL OCASO.
BARCELONA92
Durante la década de los
años ochenta el espíritu de la Barcelona olímpica unificó y catalizó todas las
sinergias económicas, políticas y sociales, que se producían en los diferentes
estamentos de la sociedad catalana, provocando, como consecuencia, un
importante avance económico y social, que quedo reflejado en un renacimiento
generalizado de la identidad catalana y un reforzamiento de la capitalidad
barcelonesa. El año 1992, supone un hito para Cataluña y para la ciudad de
Barcelona y marca el ecuador del actual periodo autonómico, bajo la figura del
President Jordi Pujol.
Pasado el verano del 92,
todos los esfuerzos e ilusiones que se habían plasmado en la idea de la
Barcelona olímpica, de golpe, quedan vacíos, sin continuidad y huecos de
contenido; por no saber, ni se sabia qué hacer con los miles de voluntarios
olímpicos, que tantos esfuerzos habían realizado en pos del ideal olímpico.
Comienza la resaca olímpica que dura hasta nuestros días, y que marca un punto
de inflexión para Cataluña.
Aprovechando el evento
olímpico, Barcelona se había abierto al mar. Se restauran las playas de la
Barceloneta, se crea la Villa Olímpica y la parte más urbana del Puerto de la
Ciudad se convierte en un maremagnun de zonas de ocio.
LA NEGOCIACIÓN
En el otoño del 92, alguien
piensa que le ha llegado la hora al Sur del Barcelonés, que durante años se ha
mantenido al margen de los envites urbanísticos de la Metrópoli, hasta
convertirse en la única reserva de terreno importante próxima a la Capital. En
plena resaca olímpica se decide que la actuación de futuro para la Barcelona
posolímpica pasa por la ejecución de un heterogéneo conjunto de
infraestructuras sobre el Delta del Llobregat.
La ampliación del Puerto de
Barcelona, ampliación del Aeropuerto, desvío del río Llobregat, la
macrodepuradora, la incineradora, junto a dos proyectos viarios que por falta
de tiempo no se habían podido realizar antes de las olimpiadas, la autovía del
Baix y la Pota Sud, constituyen el conjunto inicial de infraestructuras, al
cual con el tiempo se le irán añadiendo otras, como el TGV. En general, un
conjunto de viejos proyectos que históricamente habían contado con tres
problemas para su ejecución en el Delta:
Primero, las diferentes
infraestructuras corrían a cargo de diferentes administraciones, que actuaban
independientemente, como reinos de taifas, de modo que se interferían unas a
las otras hasta el punto de solaparse territorialmente, de modo que era
imposible ejecutarlas todas a la vez.
Segundo, lo constituía la
oposición histórica que la Comarca había demostrado a la ejecución de estos
proyectos en su territorio. Poseía especial relevancia la oposición planteada
por los habitantes del Prat, ya que ellos eran los mas
perjudicados por unas infraestructuras molestas y nocivas para su entorno, que
otros municipios no estaban dispuestos a acoger.
Tercero, la propia estructura geológica deltaica y las
zonas húmedas que pervivían, constituía un problema añadido que requería una
mayor inversión técnica y por supuesto económica. Por otro lado, existía la
necesidad social de preservar alguna parte de las zonas húmedas, que no
interfirieran con las obras, ya que desafortunadamente alguien había declarado
como RRNN dos pequeñas parcelas de las mismas. Inicialmente no se valoró
convenientemente las dimensiones del problema, que más tarde provocaría
distorsiones graves en todo el proceso.
El primer problema quedaba
en manos del nuevo y flamante ministro de Obras Públicas, Josep Borrell, que se
encargaría de poner orden y concierto entre las diferentes administraciones
responsables de los proyectos, a fin de permitir que pudiera encajar el puzzle
de infraestructuras sobre el Delta del Llobregat.
Valga señalar, que en
aquella época, el Sr.Borrell estaba muy interesado en algún tipo de actuación
importante alrededor de Barcelona, que le pudiera servir de plataforma política
y electoral para sus aspiraciones de presentarse como candidato a la Presidencia
del Govern de la Generalitat.
El segundo problema,
quedaba en manos de José Montilla, presidente del Consell Comarcal del Baix,
que aspiraba a recibir alguna compensación en el futuro gobierno de Borrell en
Cataluña, y del alcalde del Prat, Luis tejedor, que desde el plan de costas del
1985, ya había expresado en diversas ocasiones, que estaría dispuesto a
“afrontar” este problema local, a cambio de concertar toda la
actuación y obtener una resonancia política significativa en todo el proceso para
su partido y para su persona.
Luis Tejedor, como buen
observador político que es, ya veía venir el gobierno popular, por lo que
deseaba una rápida negociación, a afín de dejar el máximo de temas atados antes
de que llegaran los populares, y de rebote, facilitar que Borrell, en su
teórico gobierno, pudiera acordarse de él.
La tercera problemática,
pretendía resolverse, fundamentalmente, mediante fondos europeos. El tema de
los espacios naturales se consideraba muy en segundo plano, más bien una cuestión
de maquillaje.
EL PLAN
DELTA.
LA FIRMA DEL CONVENIO.
En 1994, tras dos
años de negociaciones entre el Gobierno central, la Generalitat, el Consell
comarcal y los ayuntamientos de Barcelona y el Prat de Llobregat, el 16 de
abril, se firma en el cine Moderno del Prat, el Convenio de Infraestructuras y
Medioambiente del Delta del Llobregat, el llamado plan delta, ( la coletilla de
medioambiente fue una idea de Borrell, para justificar lo de MOPMA) Al acto
acudieron todos los grandes responsables políticos de la época, a excepción del
Presidente del Gobierno. El pueblo fue tomado por más policía que durante la
huelga de la papelera en el franquismo, pero el acto fue tan gris y oscuro como
el cielo que lucia aquel día, y constituía un presagio de cual sería a partir
de la fecha el futuro del delta y sus habitantes. La única nota de color vino
dada por unos 300 manifestantes que con mas imaginación que recursos dejaron
claro que el Plan estaba hecho por y para las instituciones, y en él, tan solo
tendrían cabida los poderes fácticos y nunca la representación social.
Durante más de un año,
Tejedor abandona sus quehaceres como alcalde y se dedica única y
exclusivamente, entidad por entidad, casi persona por persona, a ir proclamando
las bondades del plan delta, hasta tal punto, que él mismo se las llegó a
creer.
LA PLATAFORMA LOGÍSTICA INTERMODAL
Ya hace tiempo, que como
una de las bases del sector terciario, la logística está de moda, se trata de
la gestión del envío / recepción, almacenamiento y distribución de mercancías.
El apellido de intermodal se refiere a la capacidad de que esta gestión se
pueda realizar desde diversos sistemas de transporte / distribución, de tal
modo, que se puedan redireccionar en un mínimo tiempo y al mínimo coste.
En un principio, visto
sobre el plano, parece que la ubicación sobre la zona del
delta de todas las infraestructuras previstas en el Plan, dada la
proximidad entre ellas, a Barcelona y a otros núcleos urbanos del Baix
Llobregat, deba constituir un jandicat para la constitución de una competitiva plataforma logística que
pueda sobre salir en el sur de Europa. Este ha sido el espíritu de la filosofía
del Plan Delta.
A la hora de la verdad, los
factores que en un principio se consideraron positivos, en el momento de
desarrollar el proyecto, no lo han sido tanto. La plana deltaica, que
inicialmente parecía tan grande, se ha demostrado pequeña para la cantidad de
infraestructuras que debe acoger, provocando problemas de espacio durante la
ejecución de las obras ( por ejemplo con los millones
de metros cúbicos de arena que tienen que moverse) y de interconexión posterior
entre las mismas. No obstante, el problema fundamental lo constituye la escasa
dimensión del territorio, y radica en el hecho de que las infraestructuras,
para adecuarse las unas a las otras, deben poseer dimensiones relativamente
pequeñas, que las hacen poco competitivas para el nivel del mercado de
transporte al que desean incidir. El resultado es que las infraestructuras más
emblemáticas, están subdimensionadas respecto a sus competidores más próximos,
así, el Puerto ni es ni será competitivo con el de Tarragona, ni con el de
Valencia. El Aeropuerto de Barcelona, una vez ampliado, quedara en clara
desventaja con la capacidad de maniobras del aeropuerto de Barajas en Madrid,
ya ni entramos a compararlo con el futuro aeropuerto de la capital en Campo
Real. La proximidad de Barcelona y otras áreas urbanas, supone realmente, no un
handicap, si no un límite en la utilización y expansión de las infraestructuras
y respecto a la gama de mercancías a gestionar. El Aeropuerto y el Puerto
realmente, quedan encorsetados entre las zonas urbanas y entre ellos mismos, y
sin ninguna perspectiva de crecimiento futuro, lo que limita las expectativas
de desarrollo y de inversión. La Plana, en principio óptima para albergar
“la gran plataforma”, realmente es un delta que complica
significativamente las actuaciones sobre él, provocando un notable incremento
de los costes de ejecución y mantenimiento, haciendo inviables económicamente
algunas propuestas y alternativas iniciales que las administraciones habían
planteado, como ha sido el caso del bucle del Aeropuerto para la conexión con
el TGV.
EL FORO Y EL PLAN, DOS CARAS DE UNA MONEDA.
El Plan
Delta, en su conjunto, debiera haber constituido el motor del desarrollo
de la Barcelona posolímpica, pero el proyecto, a diferencia del proyecto
olímpico, carecía totalmente de espíritu e ideario, y en absoluto coexionaba
para nada a la población. Por ello se elaboró el proyecto 2004 del foro de las
culturas, de alguna manera el foro es la torna cultural e ideológica para el
desarrollo de la Barcelona posolímpica. La distribución en el espacio
territorial del Foro de las Culturas y el Plan Delta, perpetúan la idea de la
Metrópoli, que plantea un modelo de crecimiento urbano, basado en
dipolarización que presenta un desarrollo urbanístico de alto estanding hacia
el norte de la ciudad, como continuación de la Villa Olímpica, y el otro polo,
hacia el sur, en la comarca del Baix Llobregat, como gran zona de acogida para
infraestructuras y actividades terciarias, que obliga a las ciudades y los
ciudadanos del Baix, a acoger todo tipo de infraestructuras molestas y no
deseadas por el resto de centros urbanos del área metropolitana, convirtiendo
la Comarca en una gigantesca Zona Franca II, al servicio de la gran Barcelona.
No pasa por alto que los más importantes estercoleros de Barcelona, siempre se
han situado al sur, en Montjuic, en el Garraf, els femataires de l´Hospitalet y
más recientemente, el ecopark de la zona franca.
INTERFERENCIAS POLÍTICAS.
El Plan Delta constituye un
conjunto de infraestructuras de carácter técnico, que deberían haber sido
desarrolladas por técnicos, con una supervisión centralizada que decidiera
sobre su coordinación y posterior ejecución. La falta de una estructura
centralizada de decisión ha constituido un tropiezo muy importante para el
desarrollo de los proyectos y sus plazos de ejecución. Según la temporalización
inicial, cuando se firmo el Plan, la mayoría de proyectos deberían haberse
ejecutado antes del año 2000. Realmente, el sistema de aprobación por consenso
ha ido en detrimento del desarrollo del propio Plan, desde un punto de vista
económico.
Las diferencias de color
político, que desde un principio han existido entre las administraciones
implicadas en el Plan, con el paso del tiempo aún se han incrementado más,
pasando de tres a cuatro las formaciones políticas diferentes implicadas, al
producirse la victoria electoral del Partido Popular a nivel estatal. Desde un
principio, dada la poca sintonía política, se optó por el establecimiento de
una mesa donde cada uno tuviera su lugar a la hora de tomar café y salir en la
foto. Las decisiones se adoptan tras un complicado consenso a múltiples bandas.
Realmente, en lo único que ha habido, desde el primer momento, un consenso
generalizado, ha sido en cerrar el acceso a cualquier representación social,
dando únicamente cabida a los representantes políticos de las administraciones
implicadas. Esto ha acabado envolviendo los proyectos en un oscurantismo
peligroso que permite que se politicen en exceso todas las decisiones,
complicando y retrasando la negociación, a la vez que justifica las críticas de
los sectores sociales más implicados en la defensa del medioambiente.
El Plan ha acabado
convertido en una moneda de cambio entre los distintos grupos políticos, y en
función de los diferentes pactos entre los sucesivos gobiernos autonómicos y
estatales que se han formado durante los últimos diez años. Al final el
Gobierno central lo utiliza para negociar, en función de sus intereses
políticos con CIU, la Generalitat en función de la estrategia de pactos con el
Gobierno central, y los ayuntamientos de Barcelona y del Prat, para intentar
obtener balances electorales positivos que presentar a su electorado cada
cuatro años. El Plan se va dilatando en el tiempo y a la vez que pierde
totalmente la visión de desarrollo económico a largo plazo, con lo cual llega
un momento en que carece de dirección y
proyecto de futuro. Pero, dada la miopía política actualmente reinante, a la
mayoría de responsables, esto no les preocupa, dado que el objetivo principal
de los mismos pasa por mantenerse cuatro años más en el cargo y si el resultado
final del Plan es un gran nyap, ya se preocuparán de responsabilizar del
fracaso al resto de administraciones implicadas, siguiendo con la típica
táctica victimista.
“EL PLAN MANZANARES”
El 92, marca el punto más
elevado en el desarrollo económico, social y nacional de Cataluña de la segunda
mitad del siglo XX. La visión de estos acontecimientos desde la capital
central, se ve con cierto recelo y temor de que Barcelona despegue
económicamente y se acabe rompiendo el modelo de desarrollo centralista que
había funcionado en el estado durante los últimos siglos. En Madrid se empieza
a caminar lentamente, hasta que se llega a elaborar un modelo de desarrollo a
largo plazo, el proyecto no se bautiza con ningún nombre, no se forma ninguna
mesa donde los políticos tomen café mientras se hacen la foto. Y, sobre todo
desde 1996, se trabaja en silencio y en una única dirección, gracias a la
uniformidad de color político y la sintonía entre la administración central, la
autonómica y la local. Por otro lado, su afianzamiento en el poder, les permite
mirar a largo plazo y no depender de la necesidad de obtener beneficios cada
cuatro años. Su capital está a plazo fijo.
La idea de la plataforma
logística del, digamos, “plan Manzanares” contrapone las
estrecheces espaciales del mediterráneo ibérico, con la amplitud de la campiña
castellana, ancha es Castilla y su plataforma. El puerto de Madrid pasa ha ser
el de Valencia, la ciudad marítima más próxima, tan solo es cuestión de
desarrollar un buen sistema de comunicaciones, con lo cual, ya no hace falta desviar
el Manzanares. Barajas se desarrolla hasta el máximo posible, cuatro pistas
paralelas dos a dos, pero a los sufridos vecinos se les pone fecha para la
erradicación de sus suplicios, el aeropuerto se desmantelará antes de 15 años,
cuando ya esté en funcionamiento Campo Real, el nuevo aeropuerto para el Madrid
del siglo XXI. Campo Real se proyecta como una gran plataforma aeroportuaria,
que constará de 8 pistas largas, totalmente independientes y paralelas que
permitirán un máximo rendimiento de las instalaciones, que ocuparán 25
kilómetros cuadrados, sólo para pistas. El nuevo aeropuerto se convertirá en la
gran plataforma para el transporte aéreo de toda la península con el mundo y de
Iberoamérica con Europa. Mediante una gran estación central para TGV, ubicada
en el aeropuerto, estará en rápida interconexión con toda la península ibérica,
mediante una estructura radial de trenes de alta velocidad sobre ancho europeo.
Este tipo de distribución hará inviable económicamente cualquier plataforma
futura de características similares que se pretenda ubicar en cualquier parte
de la península durante muchos años.
CONCLUSIONES.
En estas circunstancias
dejará de tener sentido hablar del retraso de Barcelona respecto a Madrid, de
hecho dejaran de ser comparables. Durante los últimos años el motor del
desarrollo económico nacional ha sido la rivalidad entre Madrid y Barcelona,
pero el modelo actual económico que impera dentro de la Unión Europea y la globalización planetaria en la
que ha entrando el sistema, hacen inviable, para una región de las dimensiones
peninsulares, el mantenimiento de dos polos económicos plenamente desarrollados
( ejem.Gaudí-Cibeles).
Lo triste para algunos, es
que la penosa desaparición del delta del Llobregat, que algunos responsables
políticos, nos habían vendido como una contribución necesaria para el
desarrollo de Cataluña, se haya convertido en todo lo contrario, un palo en las
ruedas para su economía, y pueda suponer el principio del fin del sueño de
establecer un nuevo polo de desarrollo entre España y Francia, que pueda
competir con los históricos centralismos de Madrid y París. Gratuita inmolación
la del Delta.
José Garcia (DEPANA). Setembre
2002